Las historias de mujeres valientes abundan en América Latina, o mejor en Abya Yala. Desde Bartolina Sisa hasta Patricia Troncoso, el testimonio de lucha de las mujeres de de los pueblos indígenas es la profunda herida colonial, que sangra todos los días y que reivindica derechos, que busca justicia, que propone libertad.
La sacrificada huelga de hambre de Patricia Troncoso ha demostrado los límites del discurso democrático, lo límites de las políticas oficiales, los límites de la razón instrumental. Ha servido para desnudar que el régimen democrático en Chile, como en otros países, descansa en una estructura de raigambre colonial, expresada en las elites nacionales, y difícil de ser superada porque en ella radica su poder.
En Chile, Bolivia, Perú, Ecuador y parte de la Argentina, los pueblos indígenas, después de largas y oscuras noches, emergen como los protagonistas de la nueva historia, ya no son más los marginados, ya no son más el sinónimo de la barbarie, estos signos de los tiempos aún no han sido percibidos por los grupos de poder que se encuentran, todavía, manejando los destinos de las repúblicas andinas. Más allá de las ideas progresistas de algunos presidentes/tas, la vieja maquinaria colonial continúa ejerciendo el control desde las redes que ha tejido en más de quinientos años. Los mejores instrumentos construidos son el cúmulo de Códigos y Leyes, que protegen y perennizan los privilegios para pocos, y como en el caso de Patricia, son herencia de la dictadura.
El siglo XXI comenzó con el color radiante de los pueblos indígenas en México. La identidad cultural se ha vuelto un instrumento político recuperando la memoria larga del continente, pero la sociedad colonial resiste y persiste, recurre a sus dispositivos policíacos, al terror.
Las múltiples campañas a favor de Patricia, nos demuestran que la solidaridad no es un cuento, que unidos/as podemos vencer. Patricia ha logrado romper, como debe ser, las fronteras de la geografía del desprecio, esto ya es una victoria continental.
Para los condenados de la tierra, en palabras de Franz Fanon, la actitud de Patricia no es la esperanza es el camino y por eso debemos celebrar su pronta recuperación, por eso debemos sentirnos parte del pueblo mapuche. Los viejos grilletes se encuentran enmohecidos, sólo falta un poco de fuerza para destruirlos, sólo hacen falta muchas Patricias que nos señalen los caminos.