20 agosto 2008
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El referéndum autonómico y sus "defensores"
Impresiones desde Santa Cruz
Gustavo Cruz
27 mayo 2008

Estuve desde el viernes 3 hasta el lunes 5 de mayo en Santa Cruz, la autonomista. Según mi percepción, la tensión creció hasta el domingo 4. Los cruceños que consulté decían que nunca habían recibido tal cantidad de medios de comunicación nacionales e internacionales, ni personas de diversas organizaciones, para presenciar el acontecimiento. Creo que eso lo consideran con ambigüedad: por un lado con una especie de orgullo, pues muestra lo importante que fue el acontecimiento del 4 de mayo, pero por otro lado un sentimiento de “¿Qué hacen acá?”, o peor, una clara objeción a todos los “extranjeros”, en particular a los de organismos como la OEA, pues los consideran manipulados por Evo Morales. En el diario cruceñista El Deber se afirman cuestiones cómicas anti-ong-organismos internacionales. Percibí la típica idea de “conspiración” internacional (masista-izquierdista) contra los “democráticos” cruceños.

La mañana del domingo nos repartimos con un grupo de amigos de la Universidad La Cordillera de La Paz y de la Defensoría del Pueblo (casi todos paceños) para ir a ciertos lugares claves. Yo inicié por la Catedral, a las 7 am, donde el Cardenal Terrazas presidió la misa autonomista. Estaban allí el Prefecto de Sta. Cruz (Rubén Costas) y el presidente del Comité Cívico de Sta. Cruz (Branko Marinkovic). También había muchos medios de comunicación, pero poca participación del pueblo, menos de la mitad del templo estaba lleno. La homilía, a mi entender, tomó clara postura proautonomista con el discurso “pacifista” de la jerarquía eclesial. Era como una fraternidad católica preparándose para el día de su batalla. A la entrada, dos mal disimulados “guardias” mostraban su presencia, mirándonos a cada instante, vigilando el templo autonomista.

Luego combinamos de encontrarnos en la rotonda del Plan Tres Mil. El día anterior habíamos contratado un taxi autorizado para desplazarse por la ciudad, pues resulta que en Bolivia no se puede transitar libremente en coches públicos o privados durante cualquier elección, “para evitar acarreo”, me explican. En la sala de prensa nos dieron una lista de empresas de taxis que sí tenían la autorización. Dudando hasta el último momento que vengan al lugar convenido, el taxi llegó y fuimos a la rotonda por diversos caminos. El taxista, un trabajador moreno, expresó en el camino su anti-masismo, anti-evomoralismo, etc. Es decir, también es autonomista. Fue muy amable en su diálogo, incluso nos sugirió cuidarnos en “ese lugar”, el Plan Tres Mil, de los revoltosos.

Llegamos a la rotonda y ya se olía a conflicto. Había un grupo de 50 a 100 personas, la mayoría jóvenes. Todos con banderas bolivianas, y un equipo de audio donde se convocaba a resistir contra el referéndum. La mayoría tenía palos. Apenas nos encontramos con el resto del grupo, nos enteramos que acababan de iniciarse los enfrentamientos en una escuela cercana, donde se había impedido la votación.

Había corridas. Una compañera nuestra estaba en la escuela, los otros huyeron a la rotonda. La tensión era grande. Pronto llegó un herido, al cual fotografiamos. “Esta es una guerra”, gritaba uno hombre por los altoparlantes y convocaba a armarse de palos y piedras para frenar a los autonomistas. Sólo se vio un carro de policía. El enfrentamiento fue entre la Unión Juvenil Cruceñista, especie de “para-policías”, jóvenes que ostentaban palos y se organizaron para “proteger a las urnas”. Pero también comentaban los heridos que tenían armas blancas y de fuego. Ayer, lunes, pude entrevistar a dos de los “defensores de las urnas y la democracia”, ambos universitarios de la Universidad Pública René Moreno, ambos autonomistas y dirigentes de la FUB regional Sta. Cruz. Uno de ellos tenía heridas en el rostro, y creo que las ostentaba, pues como dijo un entrevistado por televisión de los unionistas: “No somos muchos, pero somos machos”.

Carla, la compañera que quedó en la escuela, llegó agitada, informando que había un herido en una casa al cual los de la Unión no dejaban que se auxilie. Ella se comunicó con periodistas allí presentes que colaboraron en registrar su nombre. Luego le informaron que la situación empeoraría allí, por tanto decidimos irnos a otro lugar, a la CIDOB (Confederación de Pueblos Indígenas de Bolivia).

La CIDOB estaba custodiada por unos 15 a 20 policías. Estuvieron todo el día. Nosotros estuvimos ahí por intervalos hasta las 18 hrs. No hubo problemas, el aire fue de tensa calma. Un grupo de dirigentes siguió en tres televisores las noticias del día, se preveía una conferencia de prensa en el lugar a la tarde noche. Antes del mediodía ya se hablaba de más de 15 heridos y luego un muerto, que los medios cruceños se empeñan en desvincular de los enfrentamientos. Dijeron “se está investigando”, y algunos incluso llegaron a decir que fue una “muerte natural”. Según fuentes del gobierno nacional murió por los gases lacrimógenos, era un habitante del Plan Tres Mil, de apellido Ticona, apellido aymara.

Decidimos salir a las escuelas de los barrios cercanos a CIDOB. Fuimos a una escuela cercana a la CIDOB, luego a la plaza de la Villa 1º de Mayo y a una escuela de Pampa de la Isla. En la primera escuela la convocatoria al referéndum fue amplia y por la mañana se percibía tranquilidad. En la plaza había mucha gente tomando sol, descansando. En una esquina había una Casa del “Sí a la Autonomía” embanderada de verde y blanco, y en la puerta grupos de jóvenes, de 15 a 30 años, esperando órdenes. La mayoría con una “sudadera” o “polera” blanca y verde. Parecían tranquilos chicos de barrio. Un camión sin placas pasó por ellos a las 10:30; parecía diseñado para llevar gente. Cada media hora recogía un grupo de jóvenes. Eran de la Unión Juvenil Cruceñista.

Horas más tarde los encontramos en las dos escuelas, en la puerta de entrada, vigilando. En ninguna escuela no había policía nacional, sólo uno o dos gendarmes de la alcaldía, que por su accionar no hacían más que presencia y en algún caso cierto control. El control y la vigilancia estaban en mano de los civiles de la Unión, que no tenían distintivos, sobre todo los líderes. No se sabía quién era población “normal” y quién de la “guardia civil”.

Confieso que ver a esa juventud cruceñista con palos en las puertas de la escuela me generaba una gran inseguridad, en algunos casos temor, pues percibía que tenían impunidad para ejercer control y hasta violencia ante cualquiera. No me pasó nada a mí, pero dudaba mucho sobre qué hacer si me pedían identificación, ¿tenía que dárselas? Si no tienen autoridad legal. No obstante, una socióloga que vive en Santa Cruz me sugirió sí mostrar lo que me pidieran, pues podrían ser violentos si no lo hacía. Hubo una compañera boliviana que no se atrevió a entrar en las escuelas por temor.

En la otra escuela, la convocatoria era menor. La escuela estaba en un sector marginal. Lo único extraño, además de la Unión Juvenil Cruceñista, fue que de todas las mesas del referéndum sólo una tenía una constante y larga cola de gente. El resto de mesas estaban prácticamente vacías. Por ser esos barrios marginales, se veían muchos taxis “truchos” o “piratas” haciendo viajes, nosotros mismos usamos de ellos. Algunas compañeras dudaron mucho sobre si se estaba haciendo acarreo de gente. En ese sector no hubo enfrentamientos, pero por la radio seguíamos informándonos sobre los enfrentamientos en Plan Tres Mil, uno de los barrios pobres y “enclave masista”, y en las poblaciones de San Julián y Yapacarí.

A las 16 horas volvimos a una escuela para ver cómo se hacía el escrutinio. Luego de que una compañera reclamara que se debía hacer en público, nos dejaron entrar. Se veía ya en las mesas una tendencia de 80 % por el sí contra un 20% por el no, a “ojo de buen cubero”. Mi duda, obvia, es ¿cómo fiscalizan a favor de la opción del “no”?

Hasta las 18 hrs. a la CIDOB no llegó mucha gente, sólo uno o dos periodistas. Creo que no se hizo al fin la conferencia de prensa. Mientras los conflictos seguían en el Plan Tres Mil, se había iniciado el festejo del “contundente triunfo de la libertad y la democracia, de la autonomía”.

Nos fuimos al centro, donde la algarabía autonomista tenía el sabor de un “sí a lo que parece necesario”, la descentralización de la gestión del gobierno (cuestión en la que coinciden hasta los pocos, pero existentes, cruceños críticos al estatuto autonómico de la élite cruceña). Pero no todos tienen la claridad para distinguir entre autonomía y el Estatuto Autonómico en cuestión, pues como me dijo un dirigente del centro de estudiantes de sociología de la universidad pública: “Las oligarquías paceñas se llevaron siempre las ganancias de Santa Cruz. Yo prefiero que por lo menos quede en las oligarquías cruceñas, sé a donde están”.

El autonomismo cruceño, como todo fenómeno social, es heterogéneo. Sólo tomo dato de dos expresiones: las pintadas en lo ciudad expresan que lo cruceño es anti-coya. En el festejo oficial, en la Plaza 24 de Septiembre, el autonomismo se presentó como pro-Bolivia unida, pro-mestizo pero sin indios presentes y hasta se dijo que era “socialista”.

Los que participaron allí me recordaron a los “caceroleros” argentinos, a los de las grandes ciudades: “blancos (o intentando serlo), modernos, civilizados y clasemedieros”, aplaudiendo a su dirigencia, sus élites de nuevos ricos. Un compañero periodista de Cochabamba de un medio de comunicación popular, no sé si quechua o aymara, llamó a una compañera para pedirle que grabe todo, pues el no quería ir a la Plaza, pues por su “estética no cruceña” lo detectarían y tendría problemas.

Yo tuve uno pequeño.

Un alegre autonomista, con cierto grado de alcohol en las ideas, se molestó porque fotografiaba al palco oficial. Me dijo reiteradamente “me gustan los policías, pero no los cojudos”, mientras quería que baile con ellos. No bailé. La fiesta no era la mía.

Cochabamba, 6 de Mayo de 2008.