20 agosto 2008
English
Epílogo a "Nosotros somos la Coordinadora"
Oscar Olivera
17 abril 2008
Cochabamba, Bolivia - 

Han pasado exactamente ocho años, y desde hace tiempo, varios de los hermanos y hermanas que han participado en la edición de este libro venían reclamando la salida de esta historia, de estos testimonios. Esta no es la historia de Oscar Olivera, ni mucho menos, son los testimonios de nuestro pueblo. Durante todo este tiempo no pudimos detenernos para hacer un balance que nos permita mirarnos a nosotros mismos, junto a nuestro pueblo, que es en última instancia no sólo el que escribe la historia, sino el que hace la historia. Por eso, pese a que los tiempos son mas intensos, no hay más tiempo para dejar pasar sin que esta memoria escrita de nuestro pueblo sea devuelta a sus legítimos dueños y dueñas, la gente sencilla y trabajadora del campo y la ciudad, los jóvenes, las mujeres, niños, niñas, ancianos, ancianas y varones.

Muchas cosas han pasado desde la Guerra del Agua hasta hoy, pero el período intenso de la movilización social fue de noviembre de 1999 a diciembre del 2005, es decir cinco años de organización, de lucha, de deliberación, de dignidad, cinco años de recuperación de la palabra por parte de nuestro pueblo, de recuperación de su capacidad de indignarse, de rebelarse, de ocupar espacios territoriales, con horizontalidad, con reciprocidad, con solidaridad, con transparencia, con fraternidad, con igualdad, sin jerarquías, sin caudillos ni patrones. Después de desprivatizar el agua, desprivatizamos la política y la toma de decisiones que, hasta antes del 2000, se ejercitaba como un patrimonio exclusivo de los ricos, de los poderosos, de los partidos y de los patrones.

La Coordinadora del Agua, la Comunal (Coordinadora de Movimientos de Unidad Nacional), el Estado Mayor del Pueblo, la Coordinadora del Gas y otros espacios generados desde abajo, como una necesidad absoluta de juntar nuestras fortalezas y debilidades para enfrentar a los enemigos del pueblo y como formas nuevas o re-inventadas o recuperadas de organización, fueron las fuerzas que nos posibilitaron derrotar al Banco Mundial, al Fondo Monetario Internacional, a la embajada gringa, a las corporaciones transnacionales, a los partidos políticos, al ejército, a la policía, es decir a los poderosos y sus operadores. La Guerra del Agua, la Guerra de la Coca, la Guerra del Gas fueron los espacios donde experimentamos la verdadera democracia, aquella que posibilitó las asambleas y los cabildos en las calles, en las plazas y los caminos, donde no sólo discutimos, sino ante todo nos organizamos, deliberamos, decidimos y ejecutamos las tareas que nos asignamos. Esas tareas determinadas en los cabildos y asambleas, producto de nuestras decisiones, las cumplimos con absoluta mística y compromiso, porque eran “nuestras tareas”, no fueron impuestas por nadie desde “arriba”, vinieron desde abajo.

Luego de haber puesto en el gobierno al MAS y a Evo Morales, nos dimos cuenta que en realidad hubo un reflujo del movimiento social, que ya se notaba a partir del denominado Referéndum del Gas impuesto por Carlos Mesa y apoyado Evo Morales y su partido el 2004.

El bloque social unido y sólido había luchado con un horizonte colectivo absolutamente claro, que era el de la nacionalización y reapropiación social de todo nuestro patrimonio –heredado de las luchas y el esfuerzo de nuestros padres y abuelos–, consistente en los hidrocarburos, los minerales, el agua, las empresas de producción, de servicios, nuestra biodiversidad. Es decir, la recuperación de nuestro territorio no sólo como un espacio físico, sino ante todo como un espacio de convivencia social entre nosotros, con la naturaleza y con la Pachamama, era una parte importante de ese patrimonio.

La otra era construir o re-constituir una “institucionalidad” basada en nuestros “usos y costumbres”, en los proyectos de sociedad soñados por nuestros antepasados, en los valores de nuestros amautas, de los achachis, que nos permitan construir nuestro presente y nuestro futuro. Y eso no marchó más a partir del, denominado por nosotros, “Tramparéndum” del Gas, que desde la perspectiva de muchos de nosotros y nosotras, fue el inicio de la desmovilización social, ejecutada a partir de la perspectiva “legítima” del MAS de ser “gobierno” y negociar con la derecha el camino hacia el Palacio Quemado por parte de Evo Morales y el entorno que hoy decide y gobierna.

La aplicación de los resultados de ese referéndum, junto con el decreto de “nacionalización” del 1º de mayo del 2006, postergó, casi de manera indefinida, la posibilidad de una verdadera nacionalización, que hoy desde Omasuyos hasta el Chaco reclaman nuestros pueblos, como un objetivo histórico más allá de la reclamada “autonomía” de las oligarquías de la Media Luna y Cochabamba, más allá del gobierno del MAS.

La convocatoria a la “Asamblea Constituyente” y la elección de los prefectos fueron los desaciertos capitales de este gobierno en la rearticulación de la derecha oligárquica, fascista-terrateniente-empresarial-partidaria en nuestra patria. Pero lo más grave desde la percepción de la gente común, particularmente de las ciudades, como los obreros y obreras, así como la clase media, es que este gobierno perdió la humildad y la generosidad, ignoró a los sectores que luchamos junto a campesinos e indígenas, y que hoy no nos sentimos incluidos en este proceso. Un proceso donde no se nos toma en cuenta ha generado rencor, impotencia, resentimiento, pero al mismo tiempo nos ha señalado con absoluta claridad que la forma de hacer política no ha cambiado, que los gobernantes son los que mandan y los gobernados somos los que obedecemos y sólo existimos si es estamos subordinados al poder político del aparato estatal. Frente a esto, hemos vuelto a lo de antes, re-construir nuestros espacios de encuentro y deliberación, para imponer nuestra agenda desde abajo, para recuperar nuestra voz, para que ya nadie a nombre de nosotros diga lo que debemos hacer y decir.

Por eso hoy luego de re-encontrarnos muchos y muchas de nosotros y nosotras en las calles, en las asambleas, en las movilizaciones, en los silencios casi forzados, en las broncas y desesperanzas, nos damos cuenta de varias cosas:

Que todas estas luchas que parecen separadas, que giran solamente sobre la disputa por la gestión de una empresa o “recurso natural” (bien común), que hemos llevado a cabo contra las corporaciones transnacionales, contra el poder del capital, contra el poder de los partidos, de los caudillos, no son luchas aisladas. Mucha gente de manera sencilla y generosa ha dado su vida por la vida. Hemos dado muchos muertos, paradójicamente, para que la vida siga reproduciéndose en nuestros pueblos. Ese es el hilo transversal de estas nuestras luchas que no sólo se reducen, como muchos piensan, a la disputa por la gestión del aparato estatal, por la gestión de una empresa o un “bien común” para ejercitar soberanía y nacionalizar, para “desarrollarnos”. No, no es eso. Las luchas son para la VIDA y por la vida, contra la muerte, porque no nos interesa ser como los otros países “desarrollados”.

Nuestra lucha no es por alcanzar los altos índices de consumo que, a costa nuestra, tienen los pobladores de los países del norte; nuestra luchas son para que la humanidad sobreviva, para que nuestros hijos e hijas, nuestros nietos y nietas no sólo sean la prolongación de nuestros cuerpos sino ante todo sean la prolongación de nuestros sueños y esperanzas… y en esos espacios la decisión inquebrantable de no vivir como esclavos es lo que nos impulsa, la cotidianidad. Nadie podrá derrotarnos, porque hemos vivido la posibilidad de cambiar nuestras vidas, por las acciones y voluntades, colectivas y dignas, de nuestros pueblos, de nuestra gente.

Hoy en estos tiempos ya no quizás tanto de rebelión, sino de esperanza, los actores de arriba son casi siempre los mismos y pretenden cerrarnos el paso.

Por el otro lado los esfuerzos por un proceso de re-articulación y recuperación de nuestra VOZ, con los hermanos Ponchos Rojos, los hermanos y hermanas de El Alto, los valerosos y valerosas pobladores del Plan 3000 en Santa Cruz, mis hermanos y hermanas fabriles de Cochabamba, han comenzado a surgir en un nuevo espacio denominado Coordinadora por la Autodeterminación Social, que ha emergido en estos últimos tiempos, de manera silenciosa y laboriosa, para re-ocupar los espacios que pretenden ser arrebatados, estableciendo esa alianza campo-ciudad, para seguir peleando por lo que queda de nuestra patria, por la unidad de ella, contra los que pretenden dividirla y destrozarla.

Al mismo tiempo no podemos dejar de seguir escuchando a nuestra gente, sus padecimientos cotidianos, la lucha por la sobrevivencia y su gran capacidad de auto-organización y de indignación cuando se trata de defender sus derechos. Hemos visto la obligatoriedad de quedarnos con la base, trabajar junto a ella. Están en plena consolidación las Brigadas de Trabajo Voluntario, a partir de la iniciativa y decisión de las y los jóvenes “Guerreros del Agua”, para trabajar al lado de la gente de los barrios, de las comunidades, de las escuelas, de los mercados y seguir aprendiendo del pueblo y seguir laboriosamente tejiendo la base social. Estas brigadas se convertirán en espacios de estudio y lucha, es decir, no tienen nada que ver con asistencialismos, son ante todo brigadas de trabajo político, desde la población trabajadora. En pocas palabras queremos re-organizarnos y re-establecer los objetivos colectivos comunes.

Si no nos organizamos, si no nos movilizamos, no existimos. Por nuestra independencia, autogobierno y autonomía como movimientos sociales, sin caudillos ni patrones, para decirles a los poderosos y gobernantes que nosotros sí existimos, para eso seguimos vivos. Y mientras sigamos vivos no podemos dejar de luchar por nosotros, por nosotras, por la humanidad, por nuestros sueños, porque NOSOTROS y NOSOTRAS SOMOS LA COORDINADORA.

Hasta la Victoria… siempre.

Abril del 2008, a los pocos días de recordar la Victoria de la Coordinadora, hace ocho años.