Hace cuatro años el gobierno de Gonzalo Sánchez de Lozada trató de venderlo a Chile, llevarlo a México y generar electricidad en California; fue derrocado. Hace dos años, mientras Bolivia esperaba las elecciones que cambiaron su historia política, la gente en El Alto y en La Paz comenzó a cerrar calles porque no había suficiente para cocinar y calentar hogares. Hace un año dijo el presidente Evo Morales que lo había nacionalizado. Brasil lo compra, Argentina lo compra… y muchas escuelas públicas bolivianas lo están recibiendo para dar desayuno a los niños más pobres de Sudamérica.
El gas, la mayor riqueza de este país, es un tema importante, que genera discusiones y debates en los medios y en las plazas públicas… por eso este periodista no deja de observar que, desde hace unas semanas, el gobierno de Morales parece decidido a intentar la operación que le costó el poder a Sánchez de Lozada, con más de 60 muertos en su haber, y mostró al mundo una ciudad insurrecta pese a la represión. ¿Será así? Es un tanto difícil saberlo…
Pero el pasado 17 de mayo Carlos Villegas, ministro de hidrocarburos boliviano, dijo a los periodistas que ya había un contacto con Pertróleos Mexicanos (Pemex), la segunda empresa más grande de América Latina después de Petrobras, para llegar a una “asociación energética” con los mexicanos. En una noticia que tuvo repercusiones en ambos países, apareció inclusive la siguiente información:
Desde el 2006, representantes energéticos de Bolivia y México han sostenido contactos de cara a proyectos de cooperación para la exploración, producción e industrialización de gas y exportación a México.
Nada mal. Así, parece, trabajando con todos los clientes y aliados posibles, el gobierno de Evo anda ya consiguiendo buenos negocios para los bolivianos. Nomás que no queda claro para qué Pemex podría querer comprarse el gas boliviano, si trabaja en la explotación o concesión de las propias reservas y nuevos yacimientos descubiertos en México), que sirven para satisfacer su demanda interna mexicanos tienen tanto gas que podrían inclusive vender a Estados Unidos, que sí anda con la urgencia de combustibles para saciar sus necesidades energéticas.
Sería entonces demasiada mala fe pensar que exportar gas desde Bolivia a México tiene algo que ver con las intenciones mexicanas de surtir gas al sur de Estados Unidos (California) para generar electricidad en la planta de La Paloma... ¿no? Difícil pensar que la posible alianza entre las empresas boliviana y mexicana tengan nada que ver con el proyecto original Pacific LNG, un consorcio de tres transnacionales que operan en Bolivia (Repsol, BG y BP), y que provocara sangrientas las masacres de la llamada “guerra del gas” en septiembre y octubre de 2003. ¿O no?
Porque el ministro de relaciones exteriores, el indígena David Choquehuanca, también hizo declaraciones sobre gas algunos días después que el ministro Villegas. Coincidentemente con lo expresado por el consorcio Pacific LNG hace años, de la necesidad de usar puertos y mercado chilenos, Choquehuanca manifestó que sería posible venderle gas a Chile, país que hoy mismo sufre de escasez de gas para generar electricidad y calorcito.
La generosidad del ministro Choquehuanca se expresó de la siguiente manera: “Deberíamos convocar a una nueva consulta o votar en el marco de la nueva Constitución (que se redacta en la Asamblea Constituyente), pero deberá ser una decisión soberana del pueblo. Además que tenemos pendiente el tema marítimo que debe resolverse previamente”. Es decir, el referéndum sobre hidrocarburos, que tuvo lugar en este país en julio de 2004, debería repetirse para ver si el antiguo enemigo, con quien Bolivia tiene una añeja disputa marítima, se beneficia del gas.
Los chilenos de todos modos se lo tomaron con calma) Aunque no dejaron de abrir puertas, porque la escasez de gas este invierno puede ser clave para la industria chilena. El ministro vocero de la presidenta Bachelet, Ricardo Lagos Weber, dijo que la posible venta es “un negocio en el que ganan todos. Nosotros quedamos felices y ellos hacen un buen negocio”.
Y el periodista la toma al vuelo: ¿“Ellos” quiénes son? ¿Los bolivianos, su gobierno y las transnacionales? ¿Alguno de los tres solamente o una combinación de dos de “ellos”?¿Está este corresponsal pensando mal del gobierno de Evo Morales sin fundamento? Ojalá que sí, porque la demanda interna de gas aún no fue cubierta. Y la ley que habrá de restructurar la estatal Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos sigue sin promulgarse, es decir, todavía ni Morales ni Bolivia tienen con qué enfrentar las eventuales carencias o diversos problemas que plantea algo muy simple: utilizar el gas boliviano en beneficio de los bolivianos… como solía decir el presidente en campaña electoral a fines de 2005.
De hecho, este martes 29 los medios, tan llenos de gas como el territorio boliviano (o casi), anunciaron que la Cámara Nacional de Industrias prevé racionamientos, que las negociaciones por el nuevo precio del gas a la provincia brasileña de Cuiabá sigue sin acordarse con Lula y su gente, y que el déficit de gas para consumo interno será también un problema en Bolivia durante el invierno que viene llegando...
Así las cosas, mientras algunas transnacionales exportan felices el gas de Bolivia a la Argentina y a Brasil, y los contratos que emergieron de la llamada “nacionalización” llenan más y mejor las arcas del Estado… ¿está muy mal pensar que Evo y sus muchachos, en su afán por seguir haciendo negocios, andan tras los pasos de un ex presidente forzado a renunciar? ¿O será que a este gobierno la gente sí habrá de darle oportunidad de hacer lo que no pudo hacer Sánchez de Lozada: vender al mejor postor sin antes beneficiar directamente con gas boliviano a los Boliviano? Veremos…